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ZACATECAS,
CIVILIZADORA Y GENEROSA
En la vorágine de nuestras sociedades, acaso presurosas, se dan momentos
de holgura para el solaz, la fiesta y la convivencia. La fiesta es una
pausa para la renovación, para la reflexión y para la fraternidad. La
fiesta, al decir de algunos, es una celebración memorativa de las
cosmogonías que se ha ido entrelazando en la historia y en la tradición.
Tradición y festividad son dos conceptos análogos dentro de nuestra
universalidad de zacatecanos y mexicanos. Tradición y festividad son
también dos modos esenciales de la vitalidad de nuestro pueblo. La
fiesta no es un despilfarro de tiempo, sino un dividendo para el eficaz
ensanchamiento de lo cultural, sea social, sea individualmente. Pensando
en ello y reactivando el sentido de la celebración que enriquece la
cotidianidad y las conciencias, desde hace más de dos décadas en nuestra
ciudad confluye una anchurosa gama de expresiones culturales y sociales
de calidad y muy dignas de que todos nos aprovechemos de ellas, en el
sentido de que en su conjunto, son un bien para cultivarnos.
Zacatecas tiene una bien definida vocación: ofrecer belleza, cultura y
libertad para todas las personas que por la razón que fuere, hayan
decidido tener su estancia de descanso, fiesta y libertad en esta noble
ciudad a la que han cantado y celebrado y elogiado tantas y tantas
voces, tantas y tantas plumas.
Existen muchas crónicas en que el estilo de poetas, historiadores,
cronistas y trashumantes, no mengua el arquetipo de ciudad hermosa y
docta, civilizadora y caudalosa de riquezas varias con que la han visto
ayer y ahora. Un autor moderno que ama nuestra ciudad en un ensayo
titulado “Ciudad de palabras” dice que la muy noble y leal. La muy docta
y escarpada, la muy devota y señorial, la muy rica y colonizadora ciudad
de Zacatecas... fue convirtiéndose en una teoría de ciudades sucesivas,
superpuestas en el tiempo, todas menos una desaparecidas y esa única
visible en cada momento, marcada por la supervivencia casi milagrosa de
una arquería, un muro, una torre... Bello elogio, reveladoramente
borgiano sobre nuestra ciudad con identidad propia y al mismo tiempo
vuelta a nacer cada día, sobre el horizonte de la imaginación y del
cielo azul de esta tierra que tiene querencia de fragua y avidez de roca
fundante.
Esta es la cantera que canta, según el sentir de otro notable escritor y
además zacatecano, Daniel Kuri Breña, que en su Zacatecas, civilizadora
del norte, pequeña biografía de una rara ciudad, abre nuestras
sensaciones para hacer nuestra y de todos, una ciudad cuya historia es
la sucesión de un presente vivo y fiel a la esencia de un lugar
singular, a la vez bizarro y fascinante. Esta cantera que canta y que
abriga quiere ser, ahora que vamos a compartir la edición vigésimo
segunda del Festival Cultural Zacatecas 2008, albergue de las armonías,
de los colores, de las formas, de las palabras, de las devociones y los
regocijos de toda esta policromía de manifestaciones e invenciones
artísticas posibles. Así fusionamos entonces el deseo de la fiesta y la
cultura y el afianzarse de una vocación continua: la de Zacatecas que es
civilizadora y generosa. Cantera que canta…
Amalia D. García Medina, Gobernadora del Estado de Zacatecas
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